Encontrando el propósito de tu vida en la historia que ya estás viviendo
Eugene Yeskov, coach de Propósito y Sentido de Vida certificado por ICF |
¿Y si el propósito de tu vida no fuera algo que necesitas salir a buscar, sino algo que tu propia historia lleva años intentando revelarte?
Durante una inspiradora conversación en El Diario de Rita, Eugene Yeskov, coach de Propósito y Sentido de Vida certificado por ICF, compartió su transición de ingeniero de software al mundo del coaching y una reflexión poderosa: muchas veces, las pistas de nuestro propósito están presentes desde mucho antes de que seamos capaces de reconocerlas.
Pueden encontrarse en aquello que disfrutábamos de niños, en nuestros talentos, en lo que naturalmente ofrecemos a los demás e incluso en las experiencias difíciles que han transformado nuestra manera de ver la vida.
Las primeras pistas pueden aparecer en la infancia
Eugene recuerda que cuando tenía alrededor de cinco años disfrutaba compartir dulces con sus amigos. Lo que realmente le producía felicidad no era el dulce en sí, sino ver felices a los demás.
Años después, aquella sencilla memoria adquirió un significado diferente. Le permitió reconocer algo que siempre había estado presente en él: el deseo de llevar felicidad a otras personas a través de la bondad, el servicio y el amor incondicional.
Aunque desarrolló una carrera profesional como ingeniero de software, con el tiempo hizo la transición hacia el coaching, un camino que le permitió expresar ese propósito de otra manera: ayudando a otros a encontrar mayor sentido y dirección en sus propias vidas.
Su historia nos deja una pregunta importante:
¿Qué amabas hacer naturalmente antes de que el mundo comenzara a decirte quién debías ser?
Vivir tu propósito no significa abandonar tu vida
Una de las ideas más importantes que Eugene compartió durante la entrevista es que encontrar nuestro propósito no significa necesariamente renunciar al trabajo, cambiar de profesión o dejar atrás todo lo que hemos construido.
Para algunas personas, el propósito termina convirtiéndose en su profesión. Para otras, convive perfectamente con su trabajo, su familia y sus responsabilidades cotidianas.
Puedes tener un empleo y, al mismo tiempo, enseñar, crear, acompañar, ayudar, servir, inspirar o compartir con otros los talentos y dones que Dios te ha dado.
Para Eugene, existe un elemento esencial en el propósito humano: el servicio.
No estamos aquí solamente para construir nuestra propia vida. También podemos aportar algo que contribuya al bienestar de los demás y deje una huella positiva para las generaciones futuras.
Durante la conversación, Eugene compartió una estrategia de cinco pilares que aplica tanto en su propia vida como en el trabajo con sus clientes.
El proceso comienza con algo fundamental: conocerte a ti mismo y comprender cómo funciona tu mente.
¿Eres más introvertido o extrovertido? ¿Lógico o empático? ¿Intuitivo o práctico? ¿Disciplinado o creativo?
No existen respuestas correctas o incorrectas. Cada característica puede ofrecer información sobre la manera en que percibimos el mundo, tomamos decisiones y nos relacionamos con los demás.
A partir de ahí, podemos explorar otros aspectos esenciales:
Valores: ¿Qué es verdaderamente importante para ti?
Talentos: ¿Qué habilidades, capacidades o dones puedes compartir con otros?
Sueños: ¿Cómo imaginas la vida que realmente deseas vivir?
Emociones: ¿Qué te produce alegría y plenitud? ¿Qué situaciones despiertan en ti la sensación de que algo necesita cambiar?
Al observar estas áreas en conjunto, podemos comenzar a comprender no solamente qué queremos hacer, sino algo todavía más importante: por qué queremos hacerlo.
Una pregunta sencilla que puede llevarte más profundo: ¿por qué?
Entre todos los consejos compartidos por Eugene, uno de los más sencillos también puede ser uno de los más poderosos:
Pregúntate por qué.
¿Por qué quiero esto?
¿Por qué esto me hace feliz?
¿Por qué hago lo que hago?
¿Por qué siento que algo me falta?
¿Por qué ayudar a determinada persona o causa me hace sentir realizado?
Muchas veces sabemos qué estamos haciendo, pero pocas veces nos detenemos a descubrir por qué lo hacemos.
Preguntarnos repetidamente “¿por qué?” puede ayudarnos a llegar a la raíz de nuestras decisiones y a diferenciar nuestros verdaderos deseos de las expectativas que hemos aprendido de la familia, la sociedad o las circunstancias.
A veces el propósito se revela durante una crisis
El propósito no siempre aparece durante los capítulos más fáciles de nuestra historia.
Eugene explicó que los momentos de crisis también pueden convertirse en momentos de descubrimiento.
Esto no significa romantizar el dolor ni considerar que necesitamos sufrir para encontrar nuestro camino. Significa reconocer que las experiencias difíciles pueden obligarnos a detenernos, reevaluar nuestras prioridades y descubrir qué es verdaderamente importante.
En esos momentos podemos preguntarnos:
¿Qué me está enseñando esta experiencia?
¿Qué es realmente importante para mí ahora?
¿Puede aquello que estoy aprendiendo servir algún día para ayudar a otra persona?
Y fue precisamente en este punto cuando la entrevista tomó un giro inesperadamente personal.
Cuando Eugene le preguntó a Rita: “¿Cuál es tu propósito?”
En un momento de la conversación, Eugene cambió los papeles y le hizo una pregunta a Rita Mendoza, conductora de El Diario de Rita:
—¿Cuál es tu propósito?
La pregunta abrió un espacio espontáneo y profundamente personal. Entre reflexiones y risas, Rita comenzó a reconocer que, tal como Eugene acababa de explicar, su propio propósito también se había hecho más claro durante una crisis de su vida.
Fue a través de aquella experiencia que comenzó a comprender con mayor profundidad el poder de tres principios que terminarían marcando su camino:
Amor. Fe. Gratitud.
Esos tres valores inspiraron su primera novela, Las Tres Llaves Mágicas (The Three Magic Keys).
Pero la historia no terminó con la publicación de un libro.
Con el tiempo, aquel mensaje trascendió sus páginas y se convirtió en una misión de servicio a través de Las Tres Llaves Mágicas, una organización creada para transformar esos valores en acciones que ayuden a otros y generen oportunidades.
Una crisis se convirtió en aprendizaje.
El aprendizaje se convirtió en un libro.
Y el libro ayudó a inspirar una misión.
De manera inesperada, la reflexión de Eugene estaba cobrando vida dentro de la propia entrevista:
A veces pasamos años buscando nuestro propósito sin darnos cuenta de que quizá ya lo estamos viviendo.
Un ejercicio sencillo: comienza con la gratitud
No necesitas esperar una gran revelación para comenzar a descubrir tu propósito.
Eugene recomienda una práctica tan sencilla como poderosa: llevar un diario de gratitud.
Cada día, dedica unos minutos a escribir aquello por lo que estás agradecido. Puedes comenzar con cosas que muchas veces damos por sentadas:
Estoy vivo.
Tengo salud.
Hay personas que se preocupan por mí.
Hoy aprendí algo.
Tengo una nueva oportunidad para intentarlo.
La gratitud cambia el lugar hacia donde dirigimos nuestra atención. En vez de concentrarnos únicamente en lo que creemos que nos falta, comenzamos a reconocer aquello que ya tiene valor y significado.
Y cuando aprendemos a observar nuestra vida con mayor conciencia, también podemos comenzar a identificar las pistas de aquello que realmente importa.
Uno de los mayores obstáculos: creer que ya lo sabemos todo
Eugene también habló de una barrera que puede impedir nuestro crecimiento: pensar que ya lo sabemos todo.
Cuando dejamos de sentir curiosidad, dejamos de aprender.
La vida es un proceso constante de aprendizaje. Podemos aprender de nuestros logros, de nuestros errores, de otras personas y, como señaló Eugene, también de los niños.
Los niños preguntan “¿por qué?”. Exploran. Imaginan. Se sorprenden. Se caen y vuelven a intentarlo.
Mantener viva esa curiosidad puede ayudarnos a conservar la mente y el espíritu jóvenes, abiertos a nuevas posibilidades.
Quizás tu propósito ya te está hablando
Encontrar tu propósito no requiere una vida perfecta, una transformación radical ni tener todas las respuestas.
A veces solo requiere prestar más atención a tu propia historia.
Recuerda aquello que siempre te ha producido alegría. Observa los talentos que disfrutas compartir. Piensa en lo que tus momentos más difíciles te han enseñado. Y pregúntate qué seguirías ofreciendo a los demás incluso si nadie te aplaudiera por hacerlo.
La historia de Eugene comenzó con un niño de cinco años que compartía dulces porque disfrutaba viendo felices a sus amigos.
La historia de Rita conectó una experiencia difícil con el Amor, la Fe y la Gratitud, valores que posteriormente se transformaron en un libro y en una misión de servicio.
Dos historias diferentes que nos conducen hacia una reflexión similar:
El propósito adquiere un significado más profundo cuando aquello que la vida nos ha dado se convierte en algo que también podemos ofrecer a los demás.
Quizás, entonces, la pregunta no sea solamente:
“¿Cuál es mi propósito?”
Tal vez exista una pregunta aún más poderosa:


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